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Minimalismo industrial: Un toque neoyorkino en el barrio de Poblenou

Hasta hace tan solo unas décadas, la ciudad más poblada de Estados Unidos miraba hacia Europa con admiración procurando imitar su estilo. Lo chic para la sociedad más selecta de la gran ciudad venía directamente de países como Francia, Holanda o Italia. El viejo continente ha sido ejemplo para la nueva sociedad norteamericana desde la época colonial. Esa corriente propia de mentalidades criollas no cambió a lo largo del siglo XX. Centroeuropa significó mucho para el desarrollo del interiorismo en Nueva York cuando los rascacielos comenzaban a alcanzar al cielo. Hoy en día, las cosas han cambiado, o quizás deberíamos decir que han madurado. Como es natural, las tendencias europeas siguen estando de moda por esos lares, aunque ahora la evolución de los estilos procede del intercambio de ideas.

En pleno siglo XXI, Europa sigue exportando sus tendencias. En ese sentido nada ha cambiado. Seguimos siendo guía de estilo. Sin embargo, lo que sí ha cambiado es que ahora, ellos también importan su estilismo, y Europa también recibe sus influencias. Todos hemos visto como Estados Unidos ha ido ganando importancia a nivel mundial a lo largo de los últimos 150 años. En la actualidad, los tintes sociales están definidos por los golpes culturales que llegan desde las costas norteamericanas. El cine, la música, el arte, la publicidad, todo lo creativo alcanza su cenit en EEUU y se hace glamuroso en Nueva York. Era de esperar que tarde o temprano crearán un estilo de interior propio que cruzara el charco. Y, finalmente, llegó. El estilo neoyorkino ha cruzado el mundo a nado hasta llegar a nuestras fronteras.

Al estilo de New York

New York es tendencia en estado puro en todas las disciplinas urbanas. Es uno de los ejemplos del mundo para definir la jungla de asfalto y las colmenas de cemento donde viven sus habitantes. La industrialización les trajo una despersonalización que les ha enseñado a valorar los espacios ajardinados y las viviendas bien acondicionadas. Y así, nace el estilo neoyorkino, que la empresa Dröm Living ha sacado a escena en la renovación de este increíble estudio en Barcelona. Localizado en el barrio de Poblenou, este loft tiene una historia increíble. Antes de comenzar con el proceso de reconfiguración del espacio era un viejo estudio desfigurado de 64 m2 con una terraza de 14 m2. La reforma implicó la reestructuración total de la propiedad. Sin dejar de lado su personalidad industrial, los diseñadores renovaron el espacio cambiando completamente su distribución y su iluminación.

El resultado final del proyecto quedó reflejado en el trabajo de uno de nuestros fotógrafos de inmobiliaria. La cocina, el comedor y la sala se constituyeron como un único espacio abierto e integrado a través de un mobiliario hecho a medida. Es el ejemplo ideal del estilo neoyorkino, cosmopolita y sofisticado. Grandes ventanales, amplios espacios, contrastes, elementos naturales y detalles decorativos con cierto contenido artístico, son algunas de las singularidades que presenta esta tendencia internacional. Una de las características más reconocibles de estos espacios es el color blanco de sus paredes. Su claridad confronta el efecto del ladrillo visto, recuperado de la edificación original. Este revestimiento tiene un cariz austero, aunque una iluminación puntual a base de focos, luz natural, leds y lámparas le otorgan una gran vitalidad. Estas soluciones lumínicas animan las estancias y crea un efecto de sombras que recrean líneas imaginarias y resaltan los volúmenes.

Esa pincelada industrial que engalana

El estilo neoyorkino se ve fuertemente influenciado por el estilo industrial. Esta tendencia, que recuerda a aquellas fábricas de antaño, respeta los elementos originales y los introduce como parte de la decoración. No es difícil encontrar en este tipo de ámbitos conductos de ventilación o columnas junto a elementos de metal. Así mismo, los techos lucen con un abovedado de madera que vislumbra un estilo rústico. Propone una solución tradicional para crear altura y generar una mayor sensación de espacio. La ausencia de cortinas es una característica propia de esta tendencia. Confiere a la escena una mayor iluminación y traslada al residente a ese pasado donde la revolución industrial inició su andadura.

En este loft nuestro fotógrafo de interiores encontró un paraíso urbano. En medio de toda la apertura visual, una gran vidriera de metal separa una de las habitaciones del espacio compartido. Recuerda a los grandes ventanales de los rascacielos estadounidenses. Inserto, un añadido arbóreo da sensación de invernadero, lo que refresca las estancias y contrasta los reflejos a través del cristal. Los muebles de diseño construidos en madera propician el coprotagonismo de los objetos decorativos. El carácter industrial queda afianzado por la aparición de elementos propios del estilo neoyorkino. Algunos objetos retro metalizados o la aparición casi anecdótica de una bicicleta son prueba de ello. Por supuesto, no podía faltar el detalle artístico. Un cuadro o una fotografía colocada estratégicamente de manera original sobre uno de los muebles del salón.

Un minimalismo sin puertas

Parte del estilo neoyorkino, que bebe de la tendencia industrial, viene definido por una clara influencia del minimalismo. Su máxima es conseguir crear ámbitos evitando la exaltación de la ostentación. Busca la sencillez sin dejar de lado la elegancia y la impresión. Dominan los colores grises, negros y las tonalidades color tierra. Reina una paleta de colores muy comedida que solo se interrumpe con la aparición de algunos toques coloridos. Su aparente simplicidad queda relegada a un segundo plano cuando la mirada se hace un hueco en la ducha. Nuestro fotógrafo de empresa revela su interés por el revestimiento de esas paredes que visten con orgullo una composición geométrica que imita la condición floral.

La funcionalidad es tanto una necesidad como un rasgo de la personalidad de este estudio. La madera revela su presencia en todas las estancias como el material natural imperante del loft. Mientras tanto, las dependencias del baño se exponen en una apertura total que no da opción a la intimidad. Ni cortinas, ni puertas, ni persianas. Este apartamento invita a su inquilino a ser transparente y distinguido siempre desde una perspectiva urbana. En resumen, se trata de una composición original que atestigua el talento y la renovación continua de los interioristas de Dröm Living.

Redacción: Adela M. Sevilla

Fotografías: Equipo de Fotointeriores